Fecha:1968
Nacionalidad:
Estados Unidos
Director:
George A. Romero
Reparto:
Judith O'Dea, Rusell Streiner
Por qué es
clave: Es una de las frases más famosas del cine de terror.
Johnny
(Streiner) tiene un mal día: se ve obligado a acompañar a su
hermana Bárbara (O'Dea) a visitar la tumba de su padre, aunque él
ni siquiera lo recuerda. Comienza a bromear, diciendo con voz
sepulcral: ¡Vienen por ti, Bárbara! ¡Vienen por ti!",
mientras se mueve rígidamente hacia la chica, reviviendo un juego al
que ambos jugaban en el cementerio cuando eran niños.
Los hermanos
tienen un estado mental muy diferente: él ha superado los miedos
normales de la niñez, pero Bárbara se toma aquellas bromas muy en
serio y tiene miedo de lo mismo que la asustaba cuando era pequeña.
Cree que las cosas inanimadas pueden cobrar vida de repente, pese a
las apariencias. Ella es la que todavía no ha crecido. ¿No se
supone que las películas de terror juegan con nuestros miedos?
Obviamente,
sus creencias pueden explicar el estado de choque en el que el
personaje permanecerá durante la mayor parte del filme. La broma
pesada de Johnny también tiene un trasfondo irónico, ya que anuncia
lo que va a ocurrirles muy pronto y, aunque La noche de los
muertos vivientes logró que el
género de terror entrara en su era moderna, también adelantó la
tendencia, en largometrajes de terror mucho más recientes, hacia un
uso contínuo de la reflexión. Más de veinte años después, el
mismo Romero recordará este momento en Los ojos del diablo
(1990), cuando un personaje
muerto viviendo declara: "¡Vienen por ti, Jessica!". Por
desgracia, con mucho menos efecto.

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